Enol tiene veintiún años y ha estudiado Emergencias y Protección Civil, luego Gestión Forestal. Ha trabajado haciendo telemarketing —»los que te llaman a mediodía y te fastidian la siesta, pues uno de ellos era yo”—. También apagando incendios en los montes de Puebla de Sanabria. Ahora se sigue formándose, con la ilusión de poder formar parte del Seprona, de la Guardia Civil.
Estuvimos charlando sentados en la zona de picnic, junto a la laguna, donde su agua nunca deja de emanar por los acuíferos naturales que tiene. Un entorno precioso en medio de la llanura salmantina.
Sin embargo, esta laguna, estuvo a punto de desaparecer bajo los escombros y basura. Hace más de 20 años, el padre de Enol y un amigo, recogieron firmas para evitar que lo cubrieran. La laguna, había sido durante mucho tiempo, un lugar poco valorado — prueba de ello son todas las lagunas del entorno, que otros pueblos decidieron cubrir.
Con el tiempo, la laguna se fue cerrando también con el crecimiento descontrolado de la espadaña, hasta quedar casi del todo cubierta. Cuando la limpiaron, los jóvenes del pueblo empezaron a bañarse en la laguna en verano, mientras los mayores del pueblo no daban crédito: “¡pero si eso era el basurero del pueblo!”.
Los hábitos de usar la laguna como basurero fueron cambiando, hasta llegar a transformarse en un lugar de ocio lleno de biodiversidad.Gracias al Trabajo de Final de Grado que hizo, es todo un experto de la biodiversidad aviar de su entorno. Se pasó meses observando y estudiando el ir y venir de las aves que disfrutan de la laguna.
De cara a un futuro próximo, sabe que el camino le llevará a irse de Pedrosillo para acabar de formarse y trabajar, pero tiene claro que quiere tener su propia casa en el pueblo. De hecho, cuando habla con sus hermanos sobre el futuro, todos coinciden o tienen claro que cada uno tendrá su casa en Pedrosillo: “cada uno con su casa. Y más felices, vamos, imposible.”
Enol aspira a que con los años, el pueblo pueda crecer en habitantes, lo justo para asegurar su supervivencia sin perder el encanto y carácter de pueblo pequeño que tanto le gusta.