Isabel, junto a su hermana Magdalena y su cuñado Vicente, ha sido nuestra vecina durante los días que hemos pasado en Casas Bajas. Nos dijo que, a día de hoy, es la única casa abierta en la plaza, por lo que las horas que pudimos compartir dieron para muchas historias.
A medida que las primeras vecinas pasaban a retratarse, nos repetían que Isabel se tenía que hacer la fotografía con el acordeón. Nosotros no sabíamos muy bien de qué hablaban, pero la insistencia y las caras de ilusión cuando recordaban a Isabel con su acordeón hicieron que preguntáramos qué había de esa historia.
Tal y como muestra su retrato, Isabel y su acordeón habían animado durante años horas y horas de música, baile y alegría. Y es que, a los 14, empezó a dedicarse profesionalmente a la música, tocando primero en el bar de su familia y visitando después muchos pueblos de la comarca, y de fuera de esta. Incluso llegó a tocar en una novela que se emitió por Radio Burjassot.
Sin duda, Isabel es y fue una mujer valiente y adelantada a su tiempo, que hizo de la música su camino desde muy joven y llevó la alegría allá donde iba, convirtiendo su acordeón en un hilo que unía a las personas.
¡Así la recuerdan en el pueblo!