Con Montse compartimos muchas conversaciones mientras disfrutábamos de helados o alguna bebida fresca en su tienda Casa Roseta. Además de ofrecer diversos productos aragoneses, allí tenían un surtido excelente de helados que resultaban irresistibles ante el calor que hemos tenido durante nuestra visita a Riglos.
Nos contó que después de vivir varios años en Huesca con su marido Juan, decidieron instalarse en Riglos hace ya 31 años, el pueblo natal de Juan. Nos contó de su sorpresa al descubrir la cantidad de personas mayores, especialmente hombres solteros, que había en Riglos en aquella época. Parece que, por diversas razones, las mujeres de toda una generación habían optado por casarse con hombres de otros pueblos, por lo que la demografía del pueblo quedo totalmente trastocada.
Tomar la decisión de vivir en Riglos fue una apuesta valiente. Su hijo, que hoy tiene 28 años, fue el primer nacimiento que hubo en Riglos en 21 años.
Sin duda, su mudanza al pueblo, junto con otras parejas que gradualmente se establecieron en Riglos, los hace impulsores del renacimiento y rejuvenecimiento que ha experimentado el pueblo.