Alba –conocida como la chica del MOA (Museo del Oro de Asturias)– nos recibió en el museo que dirige desde hace 20 años.
Lo interesante de su historia fue el descubrir cómo una joven licenciada en turismo, con ilusión por viajar y conocer mundo, acabó siendo la directora del MOA en Navelgas, el pueblo de origen de su familia.
Su relato nos reafirma lo que otros ya nos habían contado: que los pueblos pequeños pueden ser un lugar lleno de oportunidades para crecer profesionalmente. En ese proceso la comunidad juega un papel esencial, gracias a personas como Alba, Marcos y tantos otros, que comprenden el potencial del territorio y apuestan por él, logrando involucrar a todos, desde los niños hasta los mayores, llegando a situar a Navelgas en el mapa mundial.
Esa misma implicación se refleja también en lo cotidiano. Alba nos hizo una demostración práctica de cómo se batea el oro, y no dudamos en ponernos manos a la obra en el espacio dedicado a los talleres de bateo. Estamos seguros de que si alguien nos hubiera llevado al río a continuar la práctica, también a nosotros nos habría entrado la fiebre del oro.
Y es que, como dicen ellos: “¡lo guapo ye participar!”