¿Te acuerdas de esa sensación de libertad cuando eras niño? Aurora sí. A sus 24 años, lleva Santa Cilia en el alma.
Creció en una escuela donde compartían aula niños de diferentes edades. Donde el patio era el parque del pueblo y los veranos eran pura libertad. Recuerdos como las meriendas que les traían las abuelas o cómo se juntaban en casas de unos y otros para jugar invaden con alegría y nostalgia su memoria.
A los 18 años se mudó a Pamplona para estudiar Enfermería, una experiencia que le abrió los ojos al mundo urbano y al mismo tiempo le hizo valorar más sus raíces.
Aunque reconoce las ventajas de la ciudad, Aurora no cambiaría el sentimiento de pertenencia que le da Santa Cilia: «Salir a la calle y conocer a todo el mundo, saber que siempre hay un colchón al que volver… eso no tiene precio». Su historia es un canto a ese equilibrio entre crecer fuera pero volver para aportar, entre la tradición rural y las oportunidades del mundo moderno.