Yuso —Melendi para los del pueblo— llegó de su Badalona natal con los treinta encima y buscando un refugio lejos de la ciudad. Un refugio que encontró en las montañas de Asiegu. Durante casi dos décadas, su hogar fue una cabaña que reconstruyó pieza a pieza: rescató tejas de otras ruinas, apuntaló vigas, encajó piedras con paciencia de oficio.
Los primeros años, cuando llovía, el agua se colaba por todos los rincones –había más agua dentro que fuera– nos dice. Lo que otros llamarían penurias, para él era sencillez: vivir con lo justo, acompañado de sus animales, bajando a Carreña solo para comprar harina, legumbres y poco más.
Ahora todo es distinto. Con pareja e hija, está rehabilitando una casa dentro del pueblo. Escucharlo hablar es descubrir a un hombre tan humilde como sabio.