Muchos han sido los detalles por los que Rocío nos ha hecho sentir como en casa durante nuestra estancia en Asiegu. Pero sin duda, una de las cosas que no olvidaremos, es que nos llevara a una de las cuevas donde maduran sus quesos.
En esta conversación, bajo tierra, desde el corazón húmedo y fresco de Asiegu —entre 9 y 10ºC, con un 99 % de humedad—, en la cueva donde madura “El Gigante de Asiegu”, Rocío nos habló de su vida: de los valores que comparte con Pablo, de cómo crían a sus hijas en armonía con el entorno y sus labores, del ritmo que marca el hacer del queso, día tras día.
Lo suyo no es solo un oficio, es una forma de estar en el mundo. Más que un estilo de vida, es un compromiso diario y una entrega constante. No existe el descanso en el ciclo natural que guía la elaboración de sus quesos ecológicos y artesanos, delicias que se pueden encontrar en su pequeña quesería.